Jauría

Del cruce de caminos artísticos intergeneracionales con mis primxs, nace este video. Sólo faltó el teatro físico y circo de Tamar Lechiguero. No puedo tener el corazón más rojo.

Fotografía de Raquel Lechiguero Velasco y su compa Ángel.
Edición de video de Santi Lechiguero
Poema y voz de la tal Jacarandá esa.

Somos
guijarros erosionados por los fluidos que corren entre nuestras piernas
la pisada de la elefanta matriarca en busca de agua para las suyas
para las suyas.
Somos
el rocío en la cuenca de los ojos contemplativos
hienas riendo de las flores de plástico
mariposas que tienen presente haberse arrastrado
el salitre: placenta del océano
el cielo llorando desconsolado
la tierra cuarteada agradecida poniendo el hombro
el vals del oleaje
flores de loto creciendo de las cicatrices.

Somos
la orquesta de aves cuando la ciudad duerme,
las conciencias despiertan
y el silencio acecha
desechas las lianas
que nos recuerdan que trepábamos
sin ascensores en colmenas de cemento.

Somos
el grotesco abrazo a lo esperpento
de nuestros cuerpos sin ganancias
el púrpura de los cardos borriqueros
la mona que no se viste de seda
la belleza en la maleza
las sin maceta
la expansión de enredadera
mala hierba en las aceras en las certezas
en las taladas vidas de las nuestras
el rugido en el eco selvático por las ancestras
Amazonas Valquírias
más brote que naturaleza muerta.
Sabiduría que no marchita
de este lado de la hoguera.
Somos
y no olvidamos que sin árboles,
no hay nosotras.
Sin raíces,
no hay yo.

ESTO NO ES OTRO PUTO POEMA DE DESAMOR

Que dulce es la distancia y el derrumbe
cuando el amor se interrumpe
porque estás cerrada por reformas.
Cuando después de contemplar las grietas
en la arquitectura de tu belleza profanada,
me sacas por peligro de derribo.
Cuando te das tiempo en reconstruir el chamizo,
para que no nos mate la gota china del techo.

Pero te confieso,
quisiera arrancarles la cabeza a tus exs
esas cabezas que tienen amuebladas
con muebles del ni puta Ikea
sobre sus cuerpos sintientes.
Quisiera arrancarles la cabeza
para enterrárselas en el pecho
y que se vean de una jodida vez por dentro.

Y por no leerte por no verte
a esas cabezas de chorlito
les pegaría los párpados
con tornillos a sus obligismos
hasta hacer de tripas corazón,
hasta hacer de trapos tiritas
sin tiritar delante de tus monstruos.

Y por bailar pogo sobre tus trozos rotos,
les ataría a la cintura el hormigón de tus pedazos
para que sientan para que arrastren el peso de lo que hicieron
hasta liberar el hormigón de otro corazón.

Y por robarte el oxígeno
les ahorcaría desde lo alto de sus rancios egos
hasta que la libertad aparezca
bajen la mirada de vergüenza
y devuelvan todas las bocanadas de aire silvestre
que necesitas para recuperarte.

Y por atropellarte con sus patrones
les subiría al péndulo de Newton de sus inercias
hasta que vomiten sus infancias.
Y por ser cómplices del abandono a ti misma
les arrastraría de los pelos hasta terapia
donde darse de hostias contra la tapia
que se construyeron para estar más sordas.

Y por vaciarte las alforjas de cuidados
con avaricia de piñata
les derramaría en la frente
las lágrimas frías que me caen cada cinco segundos,
una
a
una
goteo incesante
enajenante
hasta que en medio del delirio respondan mi pregunta:
¿por qué coño no dejasteis el amor como os gustaría encontrarlo?

7/08/2019

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Hola ama*,

Desde tu muerte y la de los abuelos (que por cierto, parece que os pusisteis de acuerdo para morir el mismo año y ofrecernos duelos de dominó), no había vuelto a pisar un evento mortuorio, hasta ayer. En realidad ayer fue como la primera vez, porque del tuyo no recuerdo apenas nada y del de los abuelos absolutamente nada. Dicen que estaba en shock, yo digo que estaba en catalepsia y que los rituales de despedida de esta cultura son tan nefastos que mi memoria optó por ser selectiva y olvidarlos. Vengo a contarte que ayer celebramos la muerte de uno de mis hombrecillos de las prácticas, y que fue bonito y que lo recordaré, porque la despedida fue un homenaje a la rememoración.
Nos fuimos de excursión a Oiartzun, a esparcir sus cenizas. Cuando llegué al punto de encuentro desde donde salíamos, me encontré con una señora que estaba quemando el mismo timbre que yo y a la que tampoco abrían. Rendidas, nos sentamos a esperar. Y automáticamente, hablamos de O. De cómo le conocimos en el piso de acogida, como también quiso salir corriendo de ese piso de yonkis loquitos de los 80 con SIDA autodestructivos y cansados de la vida, a los que se les coge tanto cariño. Y con la boca llena de cariño hablamos de su arte, de las veces que había resucitado cuando estaba en el otro barrio, de lo que ella veía -y no veía- de él, de lo que yo veía -y no veía- de él. Al rato apareció uno de los monitores y nos contó, con la boca cargada de munición de carcajadas, una anécdota de su estancia en el hospital, que nos hizo disparar las sonrisas sonoras, con ese regusto que dejan los ‘que personaje que era’. Por fin bajó el resto con las cenizas, y ante el vacile de que no escuchaban el timbre, la señora señaló las cenizas y dijo “vamos que si hemos tocado el timbre, que te lo diga O”. En ese momento supe que no sería un acto solemne y me sonreí. Se volvieron a accionar las risas al descubrir que el árbol donde íbamos a echar las cenizas junto a su novia, era ahora un parking y que sólo contábamos con un cubo y una pala de juguete y una llave; peor era nada. Empezaron a contar anécdotas de gente que con el viento de boomerang se habían llenado de cenizas. Que muy bonito lo del viento y la libertad y en las películas, pero que en la realidad es lo que el viento no se llevó. Así que a las 16:30 de la tarde, al lado de una obra y un carril bici, autoboikoteando la clandestinidad bajo la que cometer el delito de esparcirlas, elegimos un árbol anónimo de flores rojas aterciopeladas, por su belleza consensuada. Observé minuciosamente la manera en la que se esparcen desde bien abajo para que no alcen el vuelo y no se acumulen en montones que invadan al árbol. En la carrera a esto le llamaban observación participante, yo le llamo contemplación para estar consciente y, de paso, hacerlo bien cuando esparza(mos) las tuyas por Egipto. Te amo, pero no tanto como para quedarme embadurnada de tus cenizas la verdad. Al terminar fotografiamos el árbol con una aplicación que guarda en su interior una vieja sabia conectada a la tierra -una bruja-, la cual nos dijo que ese árbol se llamaba Amor del Canadá (cercis canadensis). Las causalidades hablan. Después nos fuimos a tomar un café, y mientras comíamos pastas y galletitas saladas cada quien empezó a compartir sus sentires y a narrar historietas sobre O. Yo abrí el portón de las orejas de par en par, con esa escucha de niñx sentadx con las piernas cruzadas frente a lx cuentacuentos. Anécdotas, entendimientos sobre su elección de marcharse, agradecimientos, capítulos de su vida, sus tejemanejes, misterios conjeturados, hablar sobre sus virtudes y sus cagadas, sobre su luz y su sombra que son la misma cosa, sin nobeles de la paz, desde admiraciones y hartazgos sinceros, con la risa orquestada de todas, entre cruzándose. Al rato apareció una de ellas con palomitas y yo me reí, al pensarnos como espectadorxs que se quedan a los créditos de la película de su vida, y que al salir comparten y hacen cinefórum. Siguiendo con lo cinematográfico, pusimos un vídeo de la comida del día mundial del SIDA donde salía cantando y bailando, micrófono en mano, con una energía desbordante. Dijeron que de todos los años, fue el mejor. Y yo me sentí tan feliz de haber estado allí, aquel día, y de estar ayer, tronchándome y recordando su desparpajo. Me sentí feliz de poder estar hablando de la muerte, como quien habla de la reproducción de las amapolas, hablar de la muerte como lo que es, algo cotidiano, que está presente en el día a día aunque nos neguemos a verlo. Feliz de matar al tabú y celebrar la muerte, los ciclos, que la mariposa vuele tras abandonar el capullo de seda, resucitar el recuerdo y agradecer lo compartido. Así no hay vacío.
Pero la cosa no terminó aquí, de ahí fuimos a otro acto, el cual fue omitido en la invitación, porque saben que soy creyente en que la única iglesia que ilumina, es la que arde. Así que no sé cómo, acabé en una iglesia tan moderna que si no me lo llegan a decir, pienso que estamos entrando en la sede de alguna multinacional. Iglesia vanguardista del arquitecto Moneo, vamos, que menudo maMoneo se trajo el tipo con esa iglesia minimalista que parecía de Ikea con 3 plantitas y un Jesucristo diminuto como de cartón piedra que podría haber hecho yo en educación plástica. Y el cura con un micro de diadema a lo estrella del pop. A todo esto, yo de negro sí, pero con mi camiseta de “Marikones contra toda autoridad”, que de haberme avisado, también la habría llevado pero con el pañuelo del aborto colgado de la mochila. De igual manera, fui con la misma apertura y permeabilidad, sin juzgar, sabiendo que haría la lectura que yo quisiera, sabiendo que hablamos de lo mismo pero con distinto nombre, libre de dogmas y de egos, sabiendo que tan sólo era otro acto de amor. Fui y me senté frente a lxs cuentacuentos. Y de nuevo, me dejé sorprender. Trajeron cuadros suyos que pusieron delante. El cura, con quien tenía buena relación, estaba sentado en una silla al lado de tres personas más, cercanas suyas. Empezaron a leer textos de todo tipo, intercalándose entre ellxs. Me sentí como en un club de lectura, y lejos de echarnos el sermón bíblico, el cura nos leyó unas palabras escritas por él, en las que decía que la vida de O, era la vida de todxs nosotrxs, que lo que le pasó a él, nos pasa a nosotrxs también, que nos miremos a nosotrxs mismxs antes de juzgar su vida. Quise aplaudir, asentir con todo el cuerpo, pero no dejaba de ser un acto místico y el silencio, sepulcral. Luego improvisó unas palabras, y creó un poema sobre sobre él a partir de los cuadros, precioso. Me entraron ganas casi de invitarlo a un poetry slam, fíjate. Pero la invitación fue suya abriendo el micro por si alguien quería decir unas palabras o leer algo. Hacía mucho tiempo que no veía un micro abierto sin yonkis de la poesía acaparándolo para masturbarse el ego. Al terminar, nos animó a ir a un “lunch”, vamos a una merendola de toda la vida. Acostumbrada a que se tomen el sorbito de vino y no compartan y luego te den una ostia, que nos invitara a una merendola me pareció la hostia. Nos llevamos los cuadros a un despacho, y sobre el mantel de papel blanco desplegaron los refrescos, las tortillas y los pinchos. De pronto sentí que estábamos celebrando un cumpleaños, el aniversario de un nacimiento. Me vinieron a la cabeza las palabras de Elisabeth Kübler Ross “La experiencia de la muerte es casi idéntica a la del nacimiento. Es un nacimiento a otra existencia”. Y de nuevo, circularon los sentipensares, los chascarrillos, las risas reverberantes y, de nuevo, efemérides. Al cura le dije que me encantó el poema que se había marcado y a otra de las chicas le pedí el nombre del texto que más me atravesó. Al salir se acercó corriendo y me lo regaló: ‘Buscar adelante’, de Pierre Teilhard de Chardin. Ya fuera de la Iglesia futurista, comentamos la jugada. “¿Y habéis escuchado los ruidos que había? Joe, yo sí escuché, sería O dándonos el toque”. El cachondeo fue como Dios, omnipresente.
Volví a casa pensando que ojalá ama, te hubiéramos despedido así o parecido. Te imaginas que nos hubiéramos juntado toda la gente que te queríamos bonito y bien, en la intimidad. Te imaginas que hubiéramos hilado entre todas remembranzas de tu persona. Que el velatorio hubiera sido un risatorio. Que hubiéramos puesto ese audio tuyo en el que intentas pronunciar con tu inglés macarrónico el “You are beautiful” de James Blunt, donde la cantas de puta pena. O esos vídeos en los que meneas la cadera de forma brusca y patosa intentando bailar bien bachata. O los del Camino de Santiago donde tenías la carita roja de llorar porque ya -por fin- veías que papá no te quería bonito ni bien. Que hubiéramos visto tus fotos como impulso de relatos, como en el Dixit. Que te hubiéramos imitado o inventado un trivial con preguntas sobre ti. Que hubiéramos leído, cantado, tocado, bailado, festejado tu viaje por la vida, por nuestras vidas. Se me ocurren ahora tantas formas de despedirte, ama. ¿Te imaginas?. Otro duelo cantaría, ¿verdad?

*Ama es madre en euskera. N del H. (nota de la hija)

DEVENIR O NO DEVENIR, ESA ES LA CUESTIÓN MARICÓN

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Quería en mi armario corbatas
elegantes sogas
con las que ahorcar a la heteronorma
esa que me apuntaba en la sien
sien sienta siéntate bien
como una señorita.
Quería en mi armario polillas
hambrientas de mallas ajustadas
y vestidos con florituras.
Quería en mi armario vendas,
con las que sustituir el corset de la feminidad.
Aplanarme los pechos,
con el sello de mujer marca registrada.
Quería el armario de mi hermano.
Soplé dientes de león
y velas de cumpleaños
para amanecer niño.
A ellos la botella
les apunta a las niñas.
Deshojar margaritas
nunca estuvo en el jardín de lo posible.
El polen del estambre masculino
viaja al pistilo femenino
para la polinización,
gracias a la cual
se mantiene la especie floral.
Deshojar margaritas
siempre estuvo en el jardín de lo heterosexual.
El juego de papás y mamás
me dejó huérfana de referentes.
Me rompió la brújula
de la orientación sexual.
-así la llamáis-
Como si la tuviéramos hacia el polo norte
o el sur,
los polos opuestos se atraen
-decís-
Orientación sexual
-así la llamáis-
Como si fuera una opción
de casilla a marcar.
Como si la heteronorma
no hubiera colonizado
todos los puntos cardinales
del deseo,
al que partió en dos.
Orientación sexual
-así la llamáis-
Hay quienes todavía están recalculando ruta
perdides
porque salen desde la ubicación mujeres
hacia el destino hombres
y viceversa,
y el peaje a pagar es muy caro
si te sales del camino marcado.
¿Cómo no confundir mi infancia marimacho
con una infancia trans?
Si todos lo caminos llegan
al sistema heterocentrado.
A él, los trenecitos
a mí las barbies,
regalo fractal.
Barbies,
biesbar,
barbies
biesbar,
barbies
biesbar
amontonadas y polvorientas
en la caja de la feminidad
que me forjaron
que me forcejearon.
Dentro
las penas de muerte de mi vello
las pelotas de fútbol que nunca me pasaron,
el mediterráneo de mis ojos desbordado
por ir a la escuela disfrazada de porcelana
la crisálida de marimacho
mi triángulo rosa invertido
sin encajar en las cabezas de cuadrado
el extractivismo de mis orejas con placenta
y las cicatrices de risas en la espalda.
Dentro
las barbies
fuera
las barbas
de pirata,
para piratear el género,
y que me diera hetError.
Fuera
la caja de herramientas,
para ser niño carpintera
y derrumbar
la caja de la feminidad impuesta
la petrificada naturaleza,
biológica gárgola.
Fuera
los retazos
de niño costurera
para coser el vestido
del maricón que llevo bien metido,
y su pluma para escribirle a Freud:
Querido,
no tenía envidia de pene ni Edipo,
tenía envidia de dildo.
A mi el hipo
me lo quitaban las bolleras
no Electra.
Así que menos diván
y más divas.
Lo marika, mi salvavidas.
Me unté la cuerpa
en lubricante y brillantina
para que resbalasen por la entrepierna
las palabras peyorativas, heterofascistas.
Lo marika
ha hecho de mi trauma con la feminidad
alquimia.
Ya no soy más mujer,
por ponerme aros,
por ser amanerado,
por pintarme las uñas,
por doblar la muñeca,
por pintarme la raya,
desde un lugar bujarra.
Ya no soy más mujer,
el devenir marika
me reconcilía
con la feminidad de plumas,
que se clavan cuando irritan,
y preguntan: ¿y tú qué eres?
¿Seré butch marika?
¿Seré camionera mariquita?
¿Seré bollera sodomita?
¿Seré reinona machorra?
¿Seré lesbiana afeminada?
¿Seré femme amariconada?
¿Seré gay tortillera?
No
no soy.
Voy siendo lo que me libere y performe,
una puta guarra promiscua de identidades mutantes,
de posiciones políticas no fijas.
Pero no hetero.
Lo hetero es el opio del pueblo,
lo hetero es
la fotocopia de la fotocopia de la fotocopia
cuya original no existe.
El resto,
somos errores
sin de fe de errata,
sin tachones.
La reescritura en los márgenes,
desviades, torcides, sin renglones.
Ambigua lectura.
La reapropiación en mayúsculas
que romperá la máquina heterocentrada
que imprime normalidad.

 

Heterodrama

Me cuenta su heterodrama.
Que todo gira en torno a su polla
-el centro de gravedad-
Me habla de lo mal que le folla.
Que le empotra cual mueble
mete y saca, saca y mete,
en un intento de imitación burda entre
Nacho Vidal y Torrente.
El daño que ha hecho el porno y el internete.
Que su ojete
es un museo de la virilidad:
se observa pero no se toca.
Eso sí,
la polla en su boca
pero su coño en la de él
¡ni se le ocurra!
porque tiene alergia a la vulva.
Que si se deforesta el monte de venus
igual le regala un cunnilingus,
siempre y cuando vuelva al agujero
porque en el triángulo de las bermudas
se pierde el pobre hombre hetero,
pues no hay señalización ni letrero
en el clítoris.
Cuando lo intenta
es más bruto que Obelix.
y ni con una thermomix
que se lo indique todo
le come bien el coño.
Que cuando él se corre
se enciende el game over.
Se cree con la patente
de la eyaculación marca registrada
confundiendo el elixir de su squirt
con un meado,
y es que el homo machus
es así de pringado.
Que el polvo rebobinado pa’ alante
le deja a medias,
y termina ella con sus cinco amantes.
Que no le acaricia
y cuando lo hace parece una lija.
Que cuando ella no quiere
le insiste
hasta que cede con resignación
y así se acababa antes la violación.
Me cuenta su heterodrama resignada.
Que todo el rato piensan en lo mismo,
y sus yoismos.
Que los que van de feministas
son machirulos con piel de deconstruidos.
Que su perra
tiene más inteligencia emocional que los tíos,
y encima se creen víctimas del feminismo.
Que si tienen los huevos escocíos
que no pueden cerrar las piernas.
Que si los femilistos de izquierdas
le explican cualquier tema
porque creen que no se entera,
colonizando con sus voces las asambleas
tapando a sus compañeras.
Que volver a Tinder le da pereza
porque le abrirán con la foto de una polla erecta.
Que si tienen estreñimiento lacrimógeno.
Y suma y sigue con el eterno lamento.
¿Y yo qué quieres que te aconseje, mi querida amiga hetero?
Que dejes de hacer el esfuerzo.
Como dice el refrán:
Aunque los machis se vistan de feministas,
machis se quedan.
Que dejes de gastar energías,
acepta que el feminismo te ha jodido la vida
y lo sexoafectivo,
ellos son el engranaje y mecanismo
del sistema patriarcal,
y por eso con los tíos te va fatal.
Que dejes de intimar con el potencial agresor,
de follarte a la encarnación del patriarcado.
No vas a desmontar la casa del amo,
con su herramienta de la heteronorma en mano.
Que como hetero
te cuestiones la identidad, el deseo
y te hagas responsable de tu privilegio.
no hay un solo camino.
¿Qué más soluciones quieres compañera?
Que toda hetera es bollera
hasta que se demuestre lo contrario
Muchas estáis en el armario
con deseos lésbicos a diario.
Que no te folles al potencial enemigo
mejor colabora con el feminismo,
vente al lesbianismo político,
con pack de ahorro incluido:
te ahorras la esclavitud del matriomonio
o de un noviazgo normativo
las violaciones de tu novio
el maltrato
y su culminación: el feminicidio.
Porque sabemos
que no tienes el chocho pa’ farolillos.
Si es que todo son ventajas
haciéndote lesbiana.
La heterosexualidad es una etapa
se te irá de la cabeza.
Cuando te pases a la otra acera
no querrás el billete de vuelta.
Y por si eso fuera poco
es gratis y sin contrato de permanencia,
aquí todo fluido.
Siempre y cuando no confundas el dildo
con penes de plástico.
Ni esperes que seamos
tu Adel o Shane The L word
con camisas de cuadros
sin clichés por favor.
También lo hacemos duro
sin sexo vainilla y nubes de algodón,
pero como espacio seguro
con los cuidados al centro.
¿Y qué más quieres que te diga heteroamiga?
El feminismo es la teoría
y el lesbianismo, la práctica.
Calidad de vida.
Que tu heterosexualidad tiene cura.
Ponte la capucha
y vente a la mani no mixta,
a la jornada sobre Monique Wittig
y bajemos hasta abajo en el twerking.
Fúgate del régimen heterosexual,
pues la mejor postura sexual
es la de nosotras arriba
y abajo el heteropatriarcado.
Así que no me pidas más consuelo ni consejo
si sabes que lo mejor de ser hetero
es que es pasajero.
Bienvenida al ghetto,
donde al feminismo rezo
por traerme a otra heteropero.
2 de Noviembre de 2018

Miedo de muerta

“Me muero.
(pero fue el diagnóstico meses antes el que acabó conmigo)”
David Trashumante
Tengo miedo a la muerte.
Miedo a la muerte del sueño asesinado por el capital.
Al suicidio de La Libertad.
A callar como una muerta por la Ley Mordaza.
Miedo a la desmemoria:
el olvido y el silencio cómplices de mutilar la historia
una y otra
y otra vez.
Miedo al veneno legal de Monsanto y transnacionales.
Al amor romántico que aniquila amistades
con la sutil táctica
de que cojan polvo hasta hacerlas cenizas.
Miedo a que no nos preguntemos
¿qué hay antes de la muerte?
A las zanahorias que cuelgan de nuestras cabezas
persiguiendo felicidades ahorcadas.
A esta catalepsia social
de autómatas aparentemente muertas en vida.
Miedo a la reencarnación de arcaicos ideales
a que no muden la piel
a huir cuando me los quieran fusilar y tirar a la cuneta.
Miedo a la muerte que rebota en balas de goma
matando a familias enteras.
Y a la que duele de cerca
y a lo lejos se pixela,
girando la cabeza si no es de mi tierra.
Miedo a las buitres carroñeras de las funerarias que nos sobrevuelan
al acecho de la pena mortífera
para respondernos a la pregunta
¿qué hay después de la muerte?
el dinero.
A los funerales católicos por defecto
y al testamento
codicioso invento
para separar bienes -y familias-
vestigio capitalista.
Miedo a la coma del final,
esa pausa para respirar
-con tubos-
antes de morir
-o no-
A la eutanasia ilegal,
no poder elegir cuando morir
si no desea esa vida vegetal.
A que le ayude a quitarse la vida
y le acusen de homicida.
Al ego materialista de aferrarse a la vida a cualquier precio
y no respetar su decisión de abandonar el estado parapléjico.
Miedo a no llamar a las muertes por su nombre,
no son muertas halladas,
son asesinadas por hombres
por el sólo hecho de ser mujeres:
feminicidios.
Miedo a la muerte con nariz de payaso
morboso espectáculo
y a las muertes contadas con ábaco.
Miedo al homenaje póstumo
de un reconocimiento caduco
porque su poesía en vida
no te valía un puto duro.
Y aún más,
a la hipocresía de los nobeles de paz,
al inerte pedestal.
Era una buena persona
y mejor poeta,
qué digo,
¡una de las mejores poetas que ha tenido este siglo!
Cuando mucho de cabrona
-como todas-
y poco de mejor poeta.
Miedo al olvido sicario
a la necrofilia de unos versos sublimados
tras haberla palmado,
la plusvalía de la poesía superviviente,
cuando no tenía a qué hincarle el diente,
porque hay que ser imbécil y valiente
para ser poeta en este era
-y en las anteriores también-
donde la poesía muere de inanición
o es víctima de trata,
para prostituirse y caer en la mafia comercial
donde se gana un pastizal.
Si me corrompo,
si se me despoja la política de los huesos
y me infecto del postureo,
entonces sí,
ponerme la lápida,
y que la poesía no descanse en paz
hasta hacer del trauma,
un poema.
Atravesarlo entre letras.
Aceptarlo como parte de mí,
cuando infringió la ley de la naturaleza,
se me murió una madre a los cuarenta,
y le canté los cuarenta a la muerte con catorce años.
Tengo miedo de que me vuelva a mirar a los ojos y me diga:
Duelo tan eterno
que vas a estar viva
sin quererlo.
No temo esperar mi cita.
Yo,
tengo miedo a desenterrar el dolor terminal de una pérdida
no poder reanimar a la resiliencia
volver a morirme en vida
a que ya no esté mi segunda madre,
ni tú,
joder.
16/04/2018

La puta que te paró

Cada 8 de Marzo me pregunto si detrás del paro de mujeres desligado en consignas que no incluyen la denominación “paro de mujeres”, ¿marcharán las trabajadoras sexuales que trabajan a la noche y no a la tarde que es cuando se convoca la marcha?
¿marcharán las negras a las que matan por racismo?
¿y las negras tortas empobrecidas a las que matan por negras, tortas, y empobrecidas?
¿marcharán las lesbianas que no son mujeres? ¿y las marikas que no son varones?
¿y las tortas, travas, trans, putos, marikas, travestis, queers, monstras asesinadas por el heterofascismo binómico?
¿y la indigente asesinada por el Estado y el capital, dejará de mendigar? ¿y las campesinas que trabajan el campo por dos pesos al día? ¿marcharán las niñas explotadas? ¿y las inmigrantes que escaparon de su país dejarán su puesto andante de la calle?
¿y las cartoneras pararán sus carruajes? ¿y los carruajes de princesas asesinadas por el amor romántico y sus “crímenes pasionales”?
¿y vendrá la barriobajera que sólo tiene tiempo para sobrevivir y no para la política?
¿y la trabajadora doméstica de doble jornada no reconocida, podrá dejar el trabajo reproductivo para venir?
Paro de todas las cuerpas que sufren la violencia interseccional del heteropatriarcado capitalista.

19/10/2016

Manifiesto: Violencia violeta

Cinco años fuera del armario feminista
tres las veces que se me han tirado a la yugular
compañeras que muerden sin mirar.
Mencionar el porno y el trabajo sexual
y se levanta un muro abismal
que divide al movimiento feminista
una guerra fría
por ver quién la tiene más grande
-la razón-
mientras el patriarcado nos mira de refilón
De lejos se ríe de nuestro feminismo organizado
pensando que gana la partida
de la feminista versus feminista.
Dejemos de darle de comer en la boquita
alejándonos no vamos a lograr hacerle la zancadilla
al patriarcado y al capitalismo.
Sin cuidados al centro,
la zancadilla nos la seguiremos haciendo a nosotras mismas.

Discutir, atacar, insultar,
no escuchar, humillar,
acosar, amenazar, ningunear
comunicar de forma hostil y agresiva,
no poder dialogar
de forma asertiva y constructiva.
apelar a la teoría
empleando el saber como poder,
soltar ironías hirientes
faltar el respeto,
imponer nuestro discurso.

Y no hablo de forocoches
de machitrolls o machirulos
sino de compañeras como tú y como yo.
Libertad de expresión sin límites
-dices-
individualismo neoliberal que reproduce lógicas patriarcales
-digo-
Que no sois machistas, claro
pero los residuos patriarcales hay que revisarlos
se nos olvida que el patriarcado viene por defecto
que no nacimos feministas, llegamos a serlo

Pero nos empeñamos
feministómetro en mano
en medir cuan feminista es la de al lado,
quitándole puntos del carnet
si lo vive diferente
si no encaja en nuestro canon de feminismo ideal
mientras nos llenamos la boca de sororidad
de plástico
colgando el sambenito
a la que opina distinto.
Y el paternalismo
de decirle que no está en lo cierto,
que no sabe nada
con vuestro dogma
que las expulsa del movimiento
con qué derecho
con qué omnipotencia os creéis
para sentenciar quién es o no feminista
quién os creéis
para invalidar el feminismo de les otres.

Conmigo o contra mí
así va la cosa.
Nos colamos yeguas de troya
perdemos el tiempo atacándonos entre nosotras
mientras el patriarcado las manos se frota
y Marcela Lagarde se retuerce
al ver que no tenemos sororidad con nuestras hermanas
que se nos queda grande la palabra
que la aplicamos cuando nos interesa.
No seamos hipócritas compañeras,
en los feminismos
la autocrítica brilla por su ausencia
y así andamos cojeando.
No miremos a otro lado
miremos adentro.

¿Por qué no hablamos de la violencia entre las feministas?
¿Tanto miedo nos da que se nos manche el Curriculum Feministae?
Tanto miedo nos da que el heteropatriarcado con el dedo nos señale
y nos diga: “Ves, tenía razón, la peor enemiga de una mujer es otra mujer.
Las mujeres también son machistas”.
¿Tanto miedo nos da que el heteropatriarcado se apropie de este discurso e invalide nuestra lucha?

Sí sabemos es una farsa.
Cuestionarnos es urgente
¿no crees?
Y tener presente
que ser feministas no nos redime
de ejercer abusos de poder.

Y si aún quieres seguir sin verlo,
Extrapolemos
a una relación sexo-afectiva.
Imagina:

Te autocensuras,
te callas
sientes miedo de hacer cualquier comentario
por si te juzga y lo usa en tu contra
temor a la reacción.
¿No hueles un abuso de poder?
Porque yo no encuentro las siete diferencias.

Qué insana la endogamia ideológica
que nos hace silenciarnos entre nosotras.
Qué virulenta la colonización de opiniones.
Que triste la pobreza intelectual de quien no sabe nutrirse
y crecer en la diversidad de posturas.
Para gustos, los feminismos,
quien dijo lo de los colores ni caso.

 

Preguntar de dónde son las personas a veces, puede ser violento. Y no cuestionarnos esto, también.
Preguntar de dónde es alguien, puede remover historias de vida que no queremos contar, que nos incomoda o que simplemente nos da pereza contar una y otra vez respondiendo a esta pregunta tan automatizada e incluso hasta invasiva.
Detrás de esa pregunta a veces se esconden exilios políticos, autoexilios personales, migraciones, vidas clandestinas, huérfanxs de cultura, tierras demolidas, guerras y refugiadxs, nacionalidades ajenas, culturas reapropiadas, fugas de vida y un largo etcétera. Detrás de esta pregunta a veces se esconde la intersección, las fronteras a escuadra y cartabón, la nacionalidad como herramienta de control social, la cultura inamovible como poder.

Ya que no nos dejan cambiar de nacionalidad porqué no formulamos la pregunta desde otro lugar. Porqué no nos preguntamos mejor: ¿De dónde vienes? ¿De dónde sientes que eres? O simplemente no nos la preguntamos.

Así que nada peña, para todxs lxs que os importa tanto el origen y lo que aparece en mi tarjeta del control del ganado humano, ahora que vuelvo a habitar otra coordenada terráquea y soy forastera y me bombardeáis con esa mierda de pregunta, aquí va mi “made in” con mi pose amanerada de marika, que también lo soy, porque en resumen, soy lo que me viene en gana.

 

Quedé con ella al salir de clase para volver juntas. Cae la noche pronto y por muy feministas que somos, todavía no soy valiente de vuelta a casa. Quedamos donde siempre y no apareció. Di la vuelta a la manzana y me la encontré apoyada, cojeando. Casi se la llevan, si no fuera porque es robusta para llevársela a cuestas, no quedaría ni su esqueleto moribundo.
La semana pasada me robaron el sillín y esta semana la rueda en el mismo lugar (y sí, tenía la cadena de la moto puesta y en la otra la uve que no pudieron romper). En realidad, la semana pasada me robaron la comodidad y esta semana la autonomía. Me robaron la libertad de moverme sin depender de horarios, de transportes públicos que de públicos no tienen una mierda (precios no populares para quienes se lo puedan permitir -como el coche- en esta sociedad de consumo), los atajos del tiempo y la seguridad nocturna de sentirme inrobable e inviolable porque sí amigas, la bici me empodera y me hace sentirme velozmente intocable. Cuando me roban la bici o me la mutilan, siempre me asalta el romanticismo de: ¿y ahora qué hago yo sin ti? Si soy una mujer a una bici pegada. Y una analfabeta de los autobuses. Que pereza, que pereza bajar al inframundo subterráneo de autómatas corriendo detrás del estrés con hedor a rutina de pie junto al neoliberalismo apretadxs como sardinas en lata con el vaho chorreando la cotidianidad aséptica de seres hipnotizadxs en sus pantallas individualistas. Que lejos y que lento pasa el tiempo cuando camino a pie sin ti, pero es lo que haré, para que me de la brisilla en la cara y mida el tiempo que me queda en canciones hasta que llegue el lunes y te cure en el taller de autoreparación de bicis, espacio que ha hecho que el duelo sea más corto.

Moraleja: no dejéis la bicicleta en frente del Pati Manning que son presa fácil. Y no le compréis recambios al decathlon ni a wallapop donde están los que nos roban, robádselos (la vida pirata la vida mejor, robar es bien pero no a las precarias, sino a las grandes empresas) o id a los fantabulosos talleres de autoreparación de bicis (acá se pueden ver:http://biciosxs.noubarris.org/altres-tallers-bicis) a arreglarosla / adoptar una aprendiendo o truequeando.
AUTOGESTIÓN O BARBARIE.